martes, 15 de abril de 2008


Tristeza e ilusión


Vivo bajo el pensamiento del pecado
Del inconformismo y la traición
Soberbia, pereza, lujuria, y envidia
Es lo que hay en nuestras vidas

Mis lágrimas se vuelven frías
Y me pregunto por qué
Me levanto de la cama
Y no puedo ver nada

La lluvia de la mañana
Nubla mi ventana
Ya estoy cansada de éste color

Que tanto gris me quita la alegría
Yo quiero las paredes blancas
De las casitas de Andalucía.

jueves, 28 de febrero de 2008

NUESTRA ILUSIÓN

Lo único que teníamos era una dirección, y lo cierto es que quedaba bastante lejos; por eso mismo teníamos que madrugar para poder llegar bien temprano a ese lugar. Ya teníamos todo preparado para la partida y estábamos muy ilusionados. Dimos vueltas y vueltas y no había manera de encontrar la dirección y ya nos estábamos impacientando; hasta que un señor mayor, alto y bastante desgastado nos indicó dónde quedaba el barrio.
Era un barrio retirado. Al entrar, todo parecía muy tranquilo, es más, me impacientaba tanto silencio. Había muchos callejones estrechos y la humedad de ese lugar te impedía conocer la posibilidad de poder respirar un aire distinto, un aire fresco. En cualquier parte que mirabas podías ver ropa tendida, ropa de niños, cacharros viejos, basuras y todo tipo de cosas amontonadas sin ninguna utilidad que quitaban solamente espacio y te daba la impresión de asfixia.
Mientras más avanzábamos, más frío hacia y más costaba respirar. Ese lugar era muy oscuro, muy frío y muy triste. No tocaba nunca el sol. Las casas eran muy pequeñas y muy viejas, las pinturas de las puertas se habían desconchado y algunas hasta no tenían ni puertas sino que colgaban como un tipo de cortinas. Cortinas que amarilleaban, y se movían con la ayuda del tranquilo aire.
Al llegar delante de la casa que buscábamos, sentí que el corazón me latía sin parar y un sentimiento de miedo envuelto de ilusión se apoderaba de mi cuerpo. La puerta estaba abierta. Un niño lloraba y lloraba sin parar. Se oía los gritos de una mujer y un hombre. Otros tres niños estaban escondidos detrás de la puerta, cuales al vernos, cambiaron sus caras y sus ojitos empezaron a brillar. El niño que lloraba a penas se veía, pero pudimos observar que estaba sentado en medio de una habitación que teníamos delante, que parecía ser la cocina. Algo nos impedía seguir, cuando de repente la mujer se dio cuenta de que estábamos allí. Sin decir nada y como si no quisiera hacer ruido se fue corriendo hacía el niño y nos lo trajo y me lo puso en brazos. No puedo explicar el que sentí en ese momento, lo único que quería era marcharme cuanto antes de ese lugar y empezar una nueva vida. El niño era precioso aunque tenía la carita como quemada y roja de tanto llorar y los mocos se le caían. Aún así desde el primer momento ya sentí un amor muy especial por él.
Lo único que nos dijo la mujer con un nudo en la garganta, fue, que cuidáramos de él y lo quisiéramos.
Y con eso nos fuimos sin mirar atrás aunque aún ahora, felices, sentimos un sentimiento de culpabilidad y de rabia contra las injusticias y contra nuestra impotencia al no poder hacer más.